Este pastelito combina la suavidad de un bizcocho japonés estilo castella con la estética y la técnica del típico pastel enrollado, abrazando un relleno cremoso con el toque fresco de la fresa.
El resultado es un postre ligero, elegante y muy simbólico.
En Japón, la fresa o ichigo representa dulzura, pureza y buenos deseos. Su color rojo vibrante está asociado con la felicidad y la celebración.
Este bizcocho refleja todas esas cualidades.